Welcome to the jungle

quadrophenia-stillDesde tiempos inmemoriales cada movimiento musical se ha asociado con unos determinados aspectos estéticos, lo que lleva a que cada individuo sea fácilmente clasificable dentro de una “tribu”. Si bien es cierto que los afiliados a un estilo concreto suelen compartir los mismos gustos en la vestimenta y aficiones, es discutible el hecho de que se comporten de acuerdo a unas ideologías, algo que sí lleva implícito el concepto de tribu urbana. Lo que es evidente es que son muchos los jóvenes (y no tan jóvenes) que buscan identificarse con una escena concreta de las muchas que proliferan en nuestra sociedad.

En sus orígenes los límites entre una tribu y otra estaban mucho más marcados que en la actualidad. Se puede decir que la fusión y el mestizaje también han calado en estos grupos y ahora es fácil contemplar destellos de hermanamiento entre diferentes pandillas, algo impensable hace años. Uno de los movimientos que mejor sobrevive al paso del tiempo es el relativo a los mods, aquellos jóvenes británicos enfundados en parkas militares que se interesaban por las modas que llegaban de diferentes puntos de Europa. Así, empezaron a vestir trajes entallados de corte italiano, pantalones hipsters y camisas y polos de marcas como Ben Sherman, Fred Perry o Merc. Cuidaban su imagen hasta el más mínimo detalle y algunos no tenían reparos a la hora de utilizar el ya clásico eyeliner (delineador de ojos).

En lo musical, los mods se decantaban por la música negra de origen estadounidense, concretamente la que salía publicada en discos de los sellos Motown y Stax. Sentían auténtica devoción por el soul y el rhythm and blues, estilos que no tardaron en adoptar grupos británicos como The Animals, Spencer Davis Group, The Yardbirds o The Kinks. A mediados de los 60 el movimiento vivió sus años de mayor gloria y con el nacimiento del hippismo llegó la decadencia, aunque en los 80 la escena volvió a ganar adeptos con la aparición del mod revival, representado por bandas como The Jam, Secret Affair o Purple Hearts. En España aparecieron grupos como Los Flechazos, Los Negativos o Brighton 64, pero son muchos los que creen que tiempos pasados fueron mejores y este renacimiento no les representaba del todo.

Pero los mods no estaban solos, en las calles de la zona sur de Inglaterra había jóvenes que preferían identificarse con el rock and roll estadounidense de los años 50. Los rockers nacen tras concluir la Segunda Guerra Mundial y estaban fuertemente influenciados por la cultura norteamericana. Acudían en masa a los cafés (como el Ace Café de la North Circular Road) en sus motos Norton o Triumph, con las que podían alcanzar altas velocidades y conseguir asustar a sus padres. Eran jóvenes y tenían ganas de vivir a tope, pero a diferencia de los mods, los rockers no querían saber nada de drogas, se mostraban reacios a cualquier sustancia psicotrópica (algo que cambiaría con el paso del tiempo). Por desgracia, pronto se convirtieron en habituales las peleas entre mods y rockers, también denominados greasers (grasientos). La ciudad de Brighton a menudo se convertía en escenario de los enfrentamientos entre las dos pandillas juveniles, algo que queda reflejado en Quadrophenia (Franc Roddam, 1979), un film basado en la ópera rock que The Who publicaban seis años antes.

Primero fueron las motos y las carreras, luego llegó el cuero y más tarde, pero no por ello menos importante, el rock and roll. Estos muchachos engominados se identificaban con el rockabilly, que no es más que la unión de los términos rock y hillbilly, etiqueta que recibía la música country en los 40 y 50. De nuevo era la música negra, con artistas como Roy Brown, Little Richard o Chuck Berry, la que impulsaba un fenómeno social en la Inglaterra de los 60. Más tarde aparecen rockeros blancos como Carl Perkins, Elvis Presley o Jerry Lee Lewis, que no tardarían en acaparar toda la atención con composiciones de la talla de “Whole lotta shakin’ going on”, “Great balls of fire”, “Blue suede shoes” o “Heartbreak hotel”. Después llegaría la decadencia y la posterior resurrección a finales de los 70 con grupos como The Stray Cats, responsables del nacimiento del psychobilly.

Otros que se identifican con el cuero son los metaleros, esos melenudos adictos al heavy metal que sacuden la cabeza al ritmo del doble bombo y los pesados riffs de guitarra. La tribu metalera se caracteriza por una fidelidad absoluta hacia un estilo de música que surgió a finales de los 60 gracias a bandas como Black Sabbath, Led Zeppelin o Deep Purple. Realmente, es uno de los movimientos en los que se permite una mayor individualidad, son muchos los que no llevan el pelo largo, ni pantalones pitillo, ni botas, pero en lo más profundo de su ser tienen un corazón de metal que está por encima de cualquier moda o tendencia. También son bastante permisivos y respetuosos con los artistas consagrados y sus devaneos musicales debidos al paso del tiempo. Es el caso de artistas como Alice Cooper, AC/DC o Metallica, que se han ido alejando del sendero del metal cuando les ha venido en gana y siempre han contado con un apoyo notable.

Los heavies son más abiertos que otros, y eso es de agradecer dentro del cerrado mundo de las tribus urbanas. Ellos han sabido amar durante décadas a los diferentes palos que existen dentro del metal: thrash, death, black, doom, progresivo,… Ahora bien, allá por los 90 surgió un nuevo movimiento que nunca llegó a gustar a los más auténticos. Me refiero al nu metal, representado por grupos como Korn, Deftones o Limp Bizkit, un estilo mucho más cercano al rap que al metal que también se denominó crossover. Los metaleros no estaban dispuestos a que el nombre del metal fuera tomado en vano y no se sentían identificados con aquellos jóvenes ataviados con gorras, pantalones anchos y viejos modelos de chándal. El caso es que no duraron mucho, en poco tiempo pasaron de ocupar las portadas de revistas como Kerrang! o Metal Hammer a desaparecer en el anonimato. En cambio, las viejas leyendas del género han sabido mantenerse y no es extraño que en la actualidad encuentres de gira a bandas clásicas como Iron Maiden, Judas Priest, Saxon o Manowar. Es por ello que los heavies también han sabido mantenerse como tribu urbana y siguen dando ambiente a la ciudad a pesar de haber sufrido cierta marginación durante mucho tiempo.

Otros que comparten algo de marginación social y también decoran sus muñecas con pinchos afilados son los góticos, un colectivo que se caracteriza por el negro como forma de vida. Están muy relacionados con el romanticismo decimonónico, de ahí que también sean calificados como “nuevos románticos”. Pero será en los 80 y, con más fuerza, en los 90, cuando el movimiento se consolide en las sociedades británica y estadounidense, con bandas como Joy Division o The Sisters Of Mercy. Hay que reconocer que el término gótico es uno de los que crea una mayor ambigüedad y suelen meter en el mismo saco a grupos que carecen de similitudes. Se tiende a denominar como música gótica toda aquella que transmita melancolía, terror y muerte. En consecuencia, se consideran góticos todos aquellos jóvenes que maquillan sus caras de blanco, visten de negro de arriba abajo y adoran los tatuajes y las perforaciones (piercings). La tribu gótica no se interesa por unas ideologías políticas determinadas y, a diferencia de lo que muchos pueden pensar, tampoco se decantan por unas creencias religiosas concretas, dentro del perfil gótico hay practicantes de todo tipo de religiones. Asimismo, los integrantes de este pálido gremio denuncian que se les relacione con el vampirismo o el satanismo, algo bastante frecuente.

Los orígenes del género se remontan a finales de los 70, cuando aparecen el post-punk y el death rock, en Inglaterra y Estados Unidos respectivamente. Ambos estilos musicales cuentan con jóvenes que adoptan una estética gótica entre sus filas. Más tarde, se extenderá la cultura gótica y contará con un amplio abanico de músicas distintas que van desde el darkwave hasta el synthpop, pasando por la música industrial y el ebm (electronic body music). A día de hoy, sigue siendo bastante habitual encontrarse con góticos que frecuentan determinados bares y se dejan notar en conciertos de bandas como The Gathering, Lacuna Coil o Cradle Of Filth, aunque hay que señalar que les ha salido competencia.

Los emos también tienen predilección por ahondar en los sentimientos más “profundos” del ser humano. Si los anteriores debían su razón de ser al post-punk, en el caso de la tribu emo, sucede lo mismo con el post-hardcore, que no es más que la tendencia que bandas como Fugazi o Drive Like Jehu adoptaron a finales de los 80 en Washington DC. Las partes vocales del emo-core se caracterizan por alternar tímidos susurros con chillidos desesperados, y con la instrumentación viene a pasar tres cuartos de lo mismo.

Por su parte, la estética de la parroquia emo se basa en llevar un flequillo de lado que cubra el ojo derecho, algo de maquillaje negro para los ojos, embutirse en camisetas ajustadas (fundamentalmente rosas o negras) y dejar caer todo el conjunto sobre unas zapatillas Converse o Vans. Se trata de una tendencia que está en auge y cada vez son más los jóvenes que dicen haber venido al mundo para sufrir. Sorprende que algo con tantas posibilidades como el rock se utilice para pasar malos ratos y fomentar la autodestrucción, pero eso es harina de otro costal. Conviene señalar que la tribu emotiva no se salva del intrusismo y no acaban de entender el que bandas como My Chemical Romance o Fall Out Boy sean las abanderadas del movimiento.

Donde no hay lugar a ambigüedades es en el territorio punk, ni la música ni la estética dejan lugar a dudas. Los punks nacen en Londres, concretamente en la tienda de moda regentada por Malcolm McLaren (padrino de The Sex Pistols) y la diseñadora Vivianne Westwood, que aún hoy sigue sorprendiendo con sus originales modelitos. Los punks primigenios se regían por el lema do it yourself (hazlo tú mismo) y se declaraban anarquistas, anticapitalistas y antiautoritarios, de ahí que aparecieran bandas tan políticamente incorrectas como The Exploited o Dead Kennedys. Antes de la explosión británica del 77 hubo bandas americanas que contribuyeron al nacimiento del género. Es el caso de The Stooges, New York Dolls e incluso Ramones, auténticos revolucionarios en la época (primeros años 70). Las hordas punks a España llegaron tarde, pero llegaron y con mucha fuerza. Corrían los 80 cuando emergieron los gaztetxes, se empezaron a distribuir fanzines y la sociedad empezaba a temer al llamado rock radical vasco. Grupos como Cicatriz, La Polla Records o Kortatu han pasado a la historia como los primeros punks españoles, y a día de hoy siguen siendo muy respetados en la escena.

Aunque siempre se ha asociado a los punks con las crestas de colores, hay que decir que nunca fue algo de uso obligado. En lo que sí coinciden la mayoría es en llevar ropa rota decorada con imperdibles, usar botas militares con el fin de ridiculizar la profesión del militar e inundar de chapas y parches la chupa. El objetivo era siempre el mismo: molestar a la sociedad. En esta misma línea, aunque con notables diferencias estéticas, se desenvuelven los hardcoretas, amantes de la velocidad y enemigos de las canciones de larga duración. Los seguidores del hardcore punk están muy influenciados por la estética skater, siempre han estado muy unidos el género musical y este deporte callejero. Esto quiere decir que tanto los integrantes de los grupos como los miembros de la tribu tienden a usar pantalones de tiro bajo, camisetas de marcas como Dickies o Carhartt y zapatillas confortables de marcas como Vans. No es un atuendo que esté muy trabajado, la verdad, aunque se pueden añadir elementos como la gorra debidamente arqueada en su parte frontal o la cadena de extensión considerable que une el bolsillo con la hebilla del cinturón.

El skate punk es sólo una rama dentro de la amplia gama que ofrece el hardcore punk (también están el grindcore, el crust,…), pero es necesario destacarlo por encima del resto porque gozó de momentos esplendorosos allá por los 90, gracias a bandas como Nofx, Lagwagon, Pennywise o Millencollin. Ni que decir tiene que se trata de un género puramente americano, aunque también ha tenido siempre muy buena acogida en los países escandinavos. Y en España han destacado nombres como Subterranean Kids y Cerebros Exprimidos, pero nunca ha habido una escena demasiado sólida, una pena.

Publicado en Panymusica

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s