Cánovas, Adolfo y Guzmán (Madrid, Clamores)

canovas-adolfo-rodrigo-guzmanLa Sala Clamores está celebrando estos días su 31 Aniversario y, para la ocasión, han querido contar con artistas nacionales e internacionales de la talla de Los Mustang, Benny Golson, Dayna Kurtz o Los Secretos.

Los que nos ocupan son, sin duda, unos invitados especiales dentro del programa. Es sabido lo complicado que es poder reunir a C.R.A.G al completo, pero esta vez fue algo especial porque al trío C.A.G se sumaba Juanito Cánovas, que aportaba juventud desde su piano.

Como era de prever, al álbum al que prestaron una mayor atención fue “Señora Azul”, esa colección de canciones que ha ido adquiriendo cada vez más reconocimiento con el paso de los años, hasta ser considerada en la actualidad una de las obras cumbres del pop español de todos los tiempos. Por supuesto que sonaron “El vividor” y “Carrusel”, pero las que fueron mejor arropadas por el personal fueron “Solo pienso en ti”, “El río”, “Linda prima” y la simpática Don Samuel Jazmín”, con un Adolfo especialmente inspirado.

Más tarde, hubo tiempo para que cada uno de los miembros recordase su etapa en otras bandas, sonando así joyas de la talla de “Perdí mi oportunidad” de Cadillac, tema en el que todo el protagonismo lo acapara José María Guzmán, que además de rasgar su acústica y mostrar que su voz sigue en plena forma, ejercició de mini monologuista a lo largo de las dos horas de actuación.

Y para la recta final dejaron, entre otras piezas, unas más que discretas versiones de Crosby, Stills & Nash (“Helplessly hoping”) y The Beatles (“Blackbird”), que pusieron el acento británico que ya había iniciado con anterioridad Adolfo rescatando el glorioso “Summertime girl” de Los Íberos, con dedicatoria incluida a Cristóbal de Haro (también componente de la banda sesentera), que se encontraba entre los asistentes.

En resumen, una velada de lo más agradable en clave de folk, blues y pop, en la que se respiraba una atmósfera especial. Por momentos, parecía una reunión de amigos y, sin lugar a dudas, yo era el amigo más joven del local, pero eso daba igual. Todo fluía con una naturalidad inaudita. Si, por ejemplo, se equivocaba Guzmán en mitad de la canción, paraba y empezaba de nuevo, no pasaba nada. Así, da gusto. Por cierto, qué bueno es apreciar lo bien qué suenan en acústico canciones que fueron grabadas (de aquella manera) en los 70 y 80. Larga vida al desenchufe.

Publicado en Freek!

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