The Tallest Man on Earth (Madrid, Teatro Fernán Gómez)

tallest-man-on-earth-madrid-2Lo del pasado Domingo en el Teatro Fernán Gómez fue pura magia, desde el arranque, con unos teloneros que dejaron prendados al personal, hasta la despedida, con todos los asistentes encandilados con un Kristian Mattson que acababa de ofrecernos una actuación sublime.

Era una noche fría pero, por suerte, contábamos con unos anfitriones que están más que acostumbrados a lidiar con las bajas temperaturas. Ya habían pasado las nueve de la noche cuando una iluminación tenue en tonos rojizos se ofrecía a dar la bienvenida a Daniel Norgren, un completo desconocido para un servidor y, sospecho, que para la mayoría de los allí presentes.

Resulta que el compositor sueco dejó una muy buena impresión en el personal gracias a su voz desgarradora y sus buenas aptitudes a la hora de defenderse simultáneamente con las seis cuerdas y la batería, al más puro estilo one-man band. Le acompañaba Anders Grahn con el contrabajo y, la verdad es que la atmósfera que consiguieron crear al ejecutar piezas como ‘Everlasting friend’ o ‘I´m a welder’ fue más que suficiente para demostrar que forman un tandem con base folk, blues y rock a tener muy en cuenta.

Antes de que cayeran las diez de la noche ya habíamos entrado en calor y el ambiente era el ideal para que saliera a escena The Tallest Man on Earth, que desde del principio quiso romper la barrera invisible que suele establecerse entre el artista y su público en un sitio de estas características. Se paseó por las butacas, se dejó querer por sus seguidores y se subió al escenario para hacer algo más que cantar y tocar.

Digo esto porque lo que hace el bueno de Kristian es interpretar y transmitir con sus canciones, y he visto a pocos hacerlo tan bien como él. Podía haber dejado un comodín como “King of Spain” para cerrar el espectáculo o recurrir a él en caso de necesitar levantar aquello, pero prefirió hacer todo lo contrario y abrir con este simpático guiño a los fans españoles. Le siguieron joyas de la talla de “Love Is All” y “1904”, entre otras, para más tarde regalarnos la escapista “I Won’t Be Found”. Chapeau.

La actuación estuvo llena de anécdotas graciosas y momentos para el recuerdo. El enérgico Kristian no paraba de moverse por todo el escenario, cambiaba la silla de lugar casi con tanta frecuencia como cambiaba de guitarra (perdí la cuenta de las que utilizó), tiraba la púa al finalizar cada canción y se mostraba muy cercano con los de las primeras filas, con los que se llegó a abrazar con efusividad.

Aprovechó que todavía estábamos flotando con las melodías preciosistas de “Revelation Blues” para amagar con irse, pero los aplausos le obligaron a volver para ofrecernos tres canciones más, entre las que se encontraba la versión del “Graceland” de Paul Simon. Pero no fue ésa la sorpresa de la noche, en absoluto. Lo que quedará grabado en la retina de los allí presentes es el momento en el que Amanda Hollingby Matsson, esposa de Kristian y también singer-songwriter de profesión, se presta a compartir micrófono con su marido. Mostraron una complicidad absoluta y ese momento, sin duda, fue la guinda del pastel. La reacción era previsible, todo el público puesto en pie y mostrando admiración hacia el grandullón sueco, que no dudó en mostrar su agradecimiento admitiendo que sin ellos él no estaría allí.

Publicado en Paisajes Eléctricos

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