Ocho Apellidos Vascos, la comedia que se ha apoderado de las taquillas a base de tópicos

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No tenía yo pensado hacer una reseña (aún no tengo claro si esto puede ser considerado así) de Ocho Apellidos Vascos, pero han sido tantos los comentarios y críticas que he leído estos días por todas partes que me he venido arriba y he dicho: “Tienes que decir algo al respecto”. Y aquí me tenéis, intentando haceros llegar mis impresiones de este éxito sin precedentes.

Muchas de las críticas se basan en argumentos del tipo: “Es que son todos los topicazos”. Bien, creo que eso es algo innegable y totalmente previsible, no sé cómo puede haber gente que se sorprenda porque una comedia española que pretende contar la historia de amor entre un señorito sevillano (Dani Rovira) y la hija de un arrantzale con un carácter de aúpa (Clara Lago), se base en los tópicos de toda la vida.

Para contribuir al despiporre colectivo están Alfonso Sánchez y Alberto López (también conocidos como Rafi y Fali, el Cabesa y el Culebra, …), dos genios a los que les ha costado darse a conocer pero que ya son fácilmente reconocibles por cualquier amante de este tipo de humor. Y, por supuesto, resaltar que Karra Elejalde está pletórico, no puede hacerlo mejor.

Es cierto que la historia no destaca por sus momentos desternillantes, algo que sí ocurre en producciones como Airbag, se trata más bien de una película que consigue hacerte sonreír durante sus 98 minutos de duración, y eso no es precisamente sencillo. En muchos momentos, puedes sentirte identificado con determinadas escenas y, en mi caso concreto, me ha hecho recordar algunas situaciones vividas en tierras euskaldunas.

Por ejemplo, no puedo evitar acordarme de aquellas txosnas, las primeras de mi vida, en las fiestas de La Blanca. Allí estaba yo disfrutando de la noche en la zona de las universidades cuando un joven, al suponer que venía del casco antiguo, se me acerca y me pregunta: “¿Qué? ¿Buena jaia por el centro?”. A lo que, como podéis suponer, yo respondí con un: “Claro, buena jaia por allí”. Un rato después me enteré de que acerté plenamente con la respuesta, pero podía no haber sido así. El objetivo, en ese preciso momento, era no parecer de fuera.

El caso es que yo, malagueño de nacimiento, también tuve el gusto de conocer un día a una del sur, de Vitoria para más señas. Además, al igual que el protagonista de este film, también tengo muchas papeletas de acabar instalándome por allí, eso que Dani Rovira se empeña en llamar Las Vascongadas, ya que a ella eso de estar todo el día bailando sevillanas y bebiendo rebujetes como que no le termina de convencer. El tiempo dirá. Eso sí, cabe señalar que las diferencias entre sevillanos y malagueños son muchas, no puede haber dos personas más distintas en el mundo que un sevillano y un malagueño, pero esto da para otro post.

Para despedirme, quiero dedicarle un Olé y un Gora a Emilio Martínez Lázaro, aunque solo sea por esos varios millones de personas que han pasado una buena tarde a costa de esta película.

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